A veces cogía los pensamientos y los tendía a la sombra. Para que el sol no secase sus ilusiones.
Despertaba cada mañana empapada de ideas que se filtraban como el café. Gota a gota.
Se enredaba en la almohada intentando revivir el sueño que el despertador le había arrebatado. Pero nunca lo conseguía. Quedaba inacabado. Como cada conversación antes de conciliar el sueño.